Marc era un niño de 12 años, listo y fuerte. Un día jugaba la final con su equipo y él era el portero. Marc estaba entrenando muy duro para que ese día no le metieran muchos goles. Cuando llegó la hora del partido, aplaudieron, suspiraron y salieron al campo deseando ganar aquel encuentro. El equipo de Marc, el equipo Torrente, tenía la posesión del balón y en un momento marcó Max.
El marcador era de 1-0. De repente, el equipo contrario se acercó a la portería y chutó el balón a donde Marc no podía llegar. El empate subió al marcador y, después de 10 minutos, volvió a marcar el Torrente. 2 -1 y quedaban ¡5 minutos!. Cuando no se esperaba, Jim, el defensa del equipo, provocó un penalti en el área.
-No te preocupes lo pararé -le dijo Marc.
-Vale -le contestó Jim.
Marc tenía mucha confianza en él, aunque al mismo tiempo, miedo y temblor. Pero se animó mucho y pensó “Tengo que pararla, todo depende de mi, no puedo fallar, si no, perderemos”. Marc cogió aire y tuvo confianza en él mismo. El contrario chutó y...: ¡Marc lo paró! El equipo ganó la final, gracias a la confianza de Marc.
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