Mostrando entradas con la etiqueta Violencia infantil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Violencia infantil. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de diciembre de 2010

Antonio, acosado.

     Antonio era un chico muy feliz con sus amigos, profesores, vecinos... pero un día sus padres perdieron el trabajo, y se tuvieron que mudar. A Antonio no le gustaba mucho la idea de cambiar de casa y en ese mismo instante le dijo su madre:
- Antonio, anímate, tendremos casa nueva, tu tendrás amigos y profesores nuevos, vivirás muy bien.
- Es verdad Antonio, alegra esa cara –le dijo su padre.
    
     Cuando llegaron a su nuevo hogar, Antonio se alegró mucho viendo que la casa era más grande que la otra, que era más bonita y porque enfrente tenía un parque. Como era tarde, Antonio se acostó, deseando conocer nuevos amigos al día siguiente. Lo que no sabía Antonio era lo mal que lo iba a pasar en el colegio.
     A la mañana siguiente Antonio se vistió rápido, desayunó y se fue al colegio.
- Adiós mama, adiós papa.
    
     Cuando llegó al colegio, entró en la clase y parecía que sus compañeros no tenían cara de amistad, pero su maestra le presentó:
- Chicos, os presento a vuestro compañero Antonio.
- Hola –dijo Antonio.
    
     Casi toda la clase se quedó callada sin decirle hola y Antonio se puso un poco triste. Tocó la sirena para salir al recreo y Antonio se fue al patio principal cuando una pandilla de 4 niños se le acercó.
- Hola Antonio – dijo Mario con voz tenebrosa.
- Me vas a dar tu desayuno ¡eh! - dijo Juan.
- Sí, sí, toma – dijo Antonio con voz miedosa.
- Te has librado, pero a la próxima ya verás – dijo Mario.
- No se lo digas a nadie o te vas a enterar ¿vale? - dijo Ramón.
    
     Antonio se fue a su casa triste y, cuando llegó, su madre le pregunto cómo le fue en el cole y Antonio se fue corriendo a su cuarto. Sus padres llamaron a la puerta, entraron sigilosamente y su padre le preguntó:
- ¿Qué te pasa?
- Nada papá, una tontería.
- ¿Estás seguro? - preguntó su madre.
- Sí.
    
     Al día siguiente, en el recreo, los niños de la pandilla le preguntaron:
- Has traído la comida que te pedimos – dijo Ramón.
- No, se me ha olvidado – dijo Antonio.
    
     Los cuatro empezaron a pegarle y pegarle hasta que Antonio quedó tirado en el suelo con un ojo morado. Antonio fue hacia la fila cuando se le apareció Miguel y le dijo:
- ¿Por qué no se lo dices a la profesora?
- Ellos me han dicho que como se lo diga a alguien me harían más cosas malas.
- Da igual, si se lo dices a tus padres y a la profesora les pondrán un parte y ya no te volverán a molestar.
- Vale, gracias.
    
     Antonio llegó a su casa corrriendo y le contó toda la verdad a sus padres. Éstos fueron a hablar con la profesora. El director les puso un parte y ellos no volvieron a molestar a Antonio.

RAÚL VERGARA RUBIO