Antonio era un chico muy feliz con sus amigos, profesores, vecinos... pero un día sus padres perdieron el trabajo, y se tuvieron que mudar. A Antonio no le gustaba mucho la idea de cambiar de casa y en ese mismo instante le dijo su madre:
- Antonio, anímate, tendremos casa nueva, tu tendrás amigos y profesores nuevos, vivirás muy bien.
- Es verdad Antonio, alegra esa cara –le dijo su padre.
Cuando llegaron a su nuevo hogar, Antonio se alegró mucho viendo que la casa era más grande que la otra, que era más bonita y porque enfrente tenía un parque. Como era tarde, Antonio se acostó, deseando conocer nuevos amigos al día siguiente. Lo que no sabía Antonio era lo mal que lo iba a pasar en el colegio.
A la mañana siguiente Antonio se vistió rápido, desayunó y se fue al colegio.
- Adiós mama, adiós papa.
Cuando llegó al colegio, entró en la clase y parecía que sus compañeros no tenían cara de amistad, pero su maestra le presentó:
- Chicos, os presento a vuestro compañero Antonio.
- Hola –dijo Antonio.
Casi toda la clase se quedó callada sin decirle hola y Antonio se puso un poco triste. Tocó la sirena para salir al recreo y Antonio se fue al patio principal cuando una pandilla de 4 niños se le acercó.
- Hola Antonio – dijo Mario con voz tenebrosa.
- Me vas a dar tu desayuno ¡eh! - dijo Juan.
- Sí, sí, toma – dijo Antonio con voz miedosa.
- Te has librado, pero a la próxima ya verás – dijo Mario.
- No se lo digas a nadie o te vas a enterar ¿vale? - dijo Ramón.
Antonio se fue a su casa triste y, cuando llegó, su madre le pregunto cómo le fue en el cole y Antonio se fue corriendo a su cuarto. Sus padres llamaron a la puerta, entraron sigilosamente y su padre le preguntó:
- ¿Qué te pasa?
- Nada papá, una tontería.
- ¿Estás seguro? - preguntó su madre.
- Sí.
Al día siguiente, en el recreo, los niños de la pandilla le preguntaron:
- Has traído la comida que te pedimos – dijo Ramón.
- No, se me ha olvidado – dijo Antonio.
Los cuatro empezaron a pegarle y pegarle hasta que Antonio quedó tirado en el suelo con un ojo morado. Antonio fue hacia la fila cuando se le apareció Miguel y le dijo:
- ¿Por qué no se lo dices a la profesora?
- Ellos me han dicho que como se lo diga a alguien me harían más cosas malas.
- Da igual, si se lo dices a tus padres y a la profesora les pondrán un parte y ya no te volverán a molestar.
- Vale, gracias.
Antonio llegó a su casa corrriendo y le contó toda la verdad a sus padres. Éstos fueron a hablar con la profesora. El director les puso un parte y ellos no volvieron a molestar a Antonio.
RAÚL VERGARA RUBIO
Lo has hecho muy bien, Raúl.
ResponderEliminarMe ha gustado,sigue escribiendo.
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