Hola, me llamo Paula, tengo once años y vivo en un pequeño pueblo de Guadalajara. Casimira, así se llama ''mi'' pueblo, tiene una plaza en la que juego con mis amigos y amigas, que son muy simpáticos. También hay una parque muy grande al que me voy muchos días con mi hermana Rosa a jugar en los columpios, hay una iglesia muy grande... ahora que me acuerdo, una vez me pasó una cosa muy ¿divertida? allí; os la voy a contar.
Era un día como otro cualquiera y estaba dando una vuelta con mis amigos, Sonia, Guillermo, Carmen... toda la peña. De repente, cuando íbamos a llegar a la plaza, me entraron muchas ganas de ir al baño. Se lo dije a Carmen para que me acompañara, pero ella no quiso, y le dije a mis amigos que me iba a beber agua. Ellos me dijeron que en la plaza había una fuente, yo ya lo sabía, pero quería, mejor dicho, tenía que ir a ''hacer mis necesidades'' en algún sitio decente. Me fui corriendo, la calle cuesta arriba; no me dio tiempo de llegar a casa y como conocía al cura, decidí ir a la iglesia, al baño de la iglesia.
Entré corriendo abrí el portón y... estaban en medio de una boda, apunto de unir a una pareja, y yo, que iba a hacer pipí, interrumpí un gran momento. La gente me miró con cara de risa y, de repente, todo el mundo se puso a reír porque se me escapó el chorrillo... Me fui corriendo a mi casa a cambiarme y a contárselo a mi madre para volver con mi pandilla a la plaza. Cuando llegué allí, mis amigos me preguntaron por qué había tardado tanto; yo les conté lo que me había pasado y estuvimos un rato de risas, aunque a mí no me hacía gracia, me daba vergüenza.
JULIA LLINARES GÓMEZ
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