En un colegio situado en el Monte de los Ríos, yo contemplaba a un pobre niño en el campo de fútbol, que estaba siendo ignorado por todos los niños que estaban jugando. Este pobre niño se dirigió hacia un vecino suyo, y le dijo que le diese una moneda o le escupiría.
Me quedé impresionado, ¡con razón nadie quería jugar con él!. Yo me acerqué despacio y le pregunté que si quería ser mi amigo, él niño se levantó, y se quedó contemplándome, al momento se le cayó una lágrima del ojo. Le pregunté que por qué lloraba, él me contestó que lloraba porque nunca un niño le había preguntado eso. Yo le dije que a mí tampoco me lo habían preguntado. De repente, me abrazó, me dio las gracias y me dijo que se llamaba Jaime.
Me dirigí junto a él hacia el propietario del balón y le pregunté que si podíamos jugar al fútbol. El propietario me dijo que podíamos jugar, pero que Jaime no le escupiese, Jaime prometió a todos que no iba a escupir a nadie. Y desde entonces Jaime no volvió a escupir, y jugó conmigo todos los días al fútbol.
ALEJANDRO MORENO ÁLVAREZ
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