Yo estaba viajando a Sampete Bulgo en Navidad, me instalé en el hotel con mis padres y bajé a visitar el pueblo, cuando de repente vi corriendo a una mujer gritando:
- ¡Aaaaah, ahí viene el monstruo de la Navidad !.
Yo me asusté y me fui corriendo a los brazos de mi madre asustada y temblorosa . Ella me preguntó qué me pasaba, pero yo me callé.
Al día siguiente me fui del hotel con una vara pequeña que me había regalado mi abuela que es extensible por si se me aparecía el supuesto monstruo y agarrarle a varazos. Me fui a una panadería a comprar varios dulces para mi madre, mi padre y uno para mí. Llegué a la panadería, cuando de pronto vi entrar por la puerta al monstruo de la Navidad,; me quedé paralizada por el miedo, diciéndome que era verdad todo lo que decían por las calles de este pueblo. Estaba mirando al monstruo fijamente sin decir nada y paralizada por el miedo. Todos los demás clientes de la panadería salieron corriendo y chillando. Cuando se fueron todos, el monstruo empezó a hablar y a comer sin parar. Yo, asombrada, me fijé mejor y me di cuenta de que era una superstición de aquellas personas del pueblo. Era una persona, mejor dicho, un pobre hombre que sólo quería comer algo. Era alto, como de dos metros aproximadamente, una gran barba y unos ojos enormes chispeantes como luces que se encendían y se apagaban. Cuando terminó de comer, empecé a hablar con él; era muy simpático y agradable. Me contó que se inventó esta historia para que las persona huyeran de él, para cuando entrara por la puerta de algún restaurante o panadería salieran corriendo y poder comer tranquilamente sin que nadie lo molestase y poder sobrevivir.
GRACIA DEL CARMEN MUÑOZ VALLE
Eres una niña maravillosa.
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