-¡Socorro! '¡Todos están muertos!
Los aldeanos salieron a socorrer al pequeño y por más que le preguntaban el niño no contestaba, hasta que Don José, el cura, advirtió a todos de que el pequeño era sordo.
-Como sabéis, soy el más anciano del lugar y Villa Anaga nunca tenía que haber vuelto a ser habitada, se lo advertí al padre del pequeño pero no me hizo caso. Esa casa no quiere inquilinos, y por eso cada noche de difuntos, de sus paredes suena una melodía que atrae a la Muerte. Todo el que la oye, fallece al instante, por eso el pequeño, ha podido sobrevivir, debido a que era sordo.
Pero Villa Anaga no perdona a ninguno de sus habitantes y el pequeño murió días más tarde sin razón. Por eso, si algún día ves una casa con un cartel en la que no se distinguen las letras y escuchas música, corre, corre antes de que sea demasiado tarde.
YOLANDA MOLINA SÁNCHEZ
¡Qué buenas historias de miedo haces, Yoli!
ResponderEliminarMe ha dado eso un susto...