Estaba en un campamento de verano llamado “Sol en el desierto” con mi amiga Sara, que tiene dieciséis años, como yo. Estábamos las dos jugando con los demás adolescentes y monitores del campamento; acabamos agotadas pero ganamos. Era ya de noche cuando nos dirigíamos hacia nuestra habitación número 123.
-¡Qué suerte hemos tenido al ganar el juego de la rana! ¿Verdad? -dije yo.
-Sí, ha sido un honor para las chicas. Así demostraremos que las mujeres no sólo saben limpiar, cocinar... en fin las tareas de casa.
-Ja,ja. Es verdad.
Se quedó todo en silencio.
-Oye Sara, ¿Sara?.
Miré hacia mis dos lados y atrás, pero Sara no estaba. Seguí andando pensando en que habría ido al baño, aunque había baños en las habitaciones pero... no sé.
-¡Aaaaaaaaaaaaah!
Se escuchó al fondo del pasillo. Aligeré el paso. De nuevo otro desgarrador y desesperante grito, pero esta vez se cortó en seco. Me recordaba a la voz de alguien. Fui más deprisa, aún corriendo. Alguien me tocó con un dedo por debajo del hombro. Miré hacía atrás muy lentamente, vi a un hombre vestido de negro y con la cara pintada de blanca, con un cuchillo. Hice el mismo gesto de antes, pero ahora hacia adelante. Me detuve, hice como si no hubiera visto nada, pero... no era posible... salí corriendo y gritando hacia la misma dirección del pasillo. Éste cada vez se hacía más largo y ya casi no podía respirar. Miré hacia atrás para ver si me seguía y como no era así, seguí con la misma marcha de antes de correr. Me acordé de que en este campamento hacían una gincana del terror, y como no había sido todavía creí que era eso. Me paré en una puerta que me llamó la atención, tenía un sentido extraordinario, según me decían. Nada más entrar por la puerta, vi un charco de sangre perteneciente a una chica de la misma edad que yo, de pelo castaño y tez morena.
-¿Sara? ¿Eres tú? No puede ser esto cierto. ¿Por qué a mí?¿Dime, por qué a mí?
Era Sara. No sabía de qué iba aquello, pero os puedo asegurar que no era la gincana del terror de todos los años. Llegué a mi habitación muy asustada. Entré en el baño a echarme a llorar y había un texto escrito con tinta roja de rotulador permanente. El texto decía así: “ahora te toca a ti”.
-¿Ahora te toca a ti? ¿Ahora me toca a mí? ¿Que quiere decir esto?.
Vi por el espejo al mismo hombre que había visto antes en el pasillo, con el mismo cuchillo y ahora también con una piedra de las grandes.
-Quiere decir, que ahora te toca a ti...
-¿Qué piensas hacer con esa piedra? -dije yo.
Me dio con la piedra en la cabeza, no quedé inconsciente del todo y me atreví a decir:
-No por favor, no me mates.
Sentí una cuchillada en el pecho y ahora estoy muerta, eso sé con mi amiga Sara, pero con una raja en el pecho. Lo que no os esperáis es que el que me mató también está aquí conmigo, porque un monitor le dio de su propia medicina.
MARINA LÓPEZ OLMEDO
Vaaaaaaya,¡qué miedo!
ResponderEliminarUff, si yo veo eso directamente me muero.
ResponderEliminarDa un miedo... ¡Muy bien, Marina! :)
Muchas graias a los dos.
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